lunes, 30 de julio de 2012

¿Sabes ese momento en el que de repente piensas “me falta algo pero no se el qué”, ese momento en el que oyes una canción y te sientes vacía, cuando sientes nostalgia, ganas de llorar y rebobinas el casette de tu vida y analizas todos los aspectos que deberían estar completos y que, de una manera u otra lo están? Es ahí donde la cinta se enreda y ya no puedes oír nada, no hay latido ni respiración, donde todo se detiene, ¿y ahora? Es ese el verdadero momento de perdición donde ya no se sabe dónde buscar, en qué cajón mirar, qué recuerdo borrar o anhelar… un momento pasajero, de esos que retornan, de los que no echas de menos pues sabes que volverán, no sé cuándo será ni dónde estaré, probablemente sola. Momento traicionero donde cada nota de cada canción se enreda y consigue estropear una cinta de grandes clásicos, un momento donde me siento desnuda, incómoda pero al mismo tiempo sin ganas de vestirme. Con ganas de reponerme pero sin ánimo suficiente para decir: adelante. Con una melodía triste y una letra alegre. Con ganas de cerrar los ojos, dormir, despertar y que sea haya ido, que ese sentimiento, esa falta, se haya borrado y haya dejado un hueco que paradójicamente volverá a llenar. 

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