lunes, 30 de julio de 2012


Esta noche rezaré para que la espera no sea eterna, para que aparezcas a las 5 de la mañana ebrio en mi puerta y con una rosa en la boca. Para que me digas que me quieres y que todo saldrá bien, porque sí, porque todo saldrá bien, como planeamos o como sorprendentemente sucedió, pero todo saldrá bien. 
Te espero ansiosa con los ojos cerrados y los oídos abiertos, deseando que suene el timbre que, como siempre, tocarás con insistencia sea la hora que sea.
 
Te espero dormida, media dormida, soñando el deseo, pensando en la paz y la serenidad que me produce tenerte debajo de mí respirando lentamente mientras yo me pregunto qué rondará por tu cabeza cuando la desconectas de tu consciencia.
 
Esta noche será larga hasta que aparezcan tus ganas de mí y tu adicción a mi piel.
Esta noche será eterna y tortuosa si no aparece tu mirada cansada y tu sonrisa arrebatadora pidiéndome con picardía dejarte entrar entre mis sábanas para, nuevamente, hacer de las tuyas.


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