Gracias a todos los
hombres que nos enseñaron a amar, luego a llorar, después a olvidar y
finalmente a desconfiar. Gracias a los que nos mostraron el miedo a la pérdida,
a errar y luego rectificar. Gracias a todos los que nos dijeron que sí y,
después de un polvo, que no. Gracias a los que nos convirtieron en “Cenicienta”
y a las 12 en una “princesa” más.
Gracias a los que
nos amaron hasta el final, a los que nos dejaron a mitad de camino y a los que
a penas comenzaron la carrera.
Gracias por hacernos
madurar, por demostrarnos que somos diferentes a vosotros, por “querernos a
vuestra manera” y por mostrarnos que realmente nadie nos enseña a amar mas que
nosotras mismas y nuestra capacidad de anteponeros a nosotras.
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