Desde la posicion en la que me encuentro puedo contar a penas 11 estrellas, una de ellas parpadea por lo que no estoy segura de que sea una estrella en realidad. Podría fingir que es una señal que me anima a actuar o un deseo perdido que busca dueño.
El cielo esta despejado y una nube tapa a penas la luna, creciente, en una semana se llenará. Eso me trae recuerdos, concretamente el tuyo y eso me entristece. Una noche más lejos de tu cuerpo. Una noche más sola en mi habitación. Debería estar acostumbrada o decidirme y superarlo pero no puedo o, mejor dicho, no quiero.
Podría fingir que esa estrella que parpadea es un deseo que debo pedir. Podría fingir que se va a cumplir y desear tenerte de nuevo aquí. Y, entre mentira y mentira, podría dejar otra vez mi orgullo en la cama y salir a buscarte con el fin de hacer ese deseo realidad.
También podría aguantar y esperar a que mires al cielo y busques alguna señal que te muestre el camino ha seguir. Tu también puedes fingir y venir a buscarme. Trae tu orgullo, jugaremos a gastarlo pues en ocasiones destroza el mío sin piedad ni arrepentimiento.
Juguemos fingir que el dolor es evitable. Juguemos a contar estrellas y a imaginar deseos.
Juguemos a actuar.
Juguemos a recordar que los deseos no se cumplen solos.
Juguemos al escondite y busquemos nuestra estrella, nuestro deseo.
Juguemos a perdonar, olvidar, mejorar y empezar.
lunes, 30 de julio de 2012
Con la melena
alborotada tras las horas caminadas, con los pies cansados y la sonrisa teñida
de llanto. Las gafas de sol puestas a pesar de haber caído el sol. Las mangas
de la camisa manchadas del rímel que, de
forma inútil, trataba de limpiar antes de que corrieran por sus mejillas.
Cada rincón de la
ciudad evocaba un recuerdo y un cóctel sentimientos de nostalgia, melancolía,
dolor y algo de agonía.
No había más que hacer. Todo había acabado y de la forma más trágica. Ya no había orgullo en sus ojos o, tal vez, nunca lo hubo.
No había más que hacer. Todo había acabado y de la forma más trágica. Ya no había orgullo en sus ojos o, tal vez, nunca lo hubo.
La soledad era algo
que curiosamente la hacía sentir mejor y a la vez peor.
Los silbidos callejeros la exaltaban, revolucionaban su alma y la hacían volver la vista atrás con la ilusión de verlo correr tras ella con la cara empañada en arrepentimiento, dolor y amor. Pero la esperanza era traicionera y punzante y conseguía desinflar su corazón hasta el punto de no sentirlo palpitar.
Era una desesperación pasiva la que sentía, una desesperación que no entendía de exaltación sino de parsimonia en cada acto, vagancia y lentitud. Toda ésta era la desesperación fÍsica.
La interior rozaba la locura pero por encima.
Hablar de locos en
el amor es como hablar de recuerdos y nostalgia, siempre van unidos. La
diferencia se encuentra en el nivel de locura, el nivel de nostalgia y el nivel
de desesperación. Y como todo en esta vida cada cosa en su medida es
perfectamente adecuada, el problema era que ella siempre se había decantado por
las cosas desproporcionadas.
Gracias a todos los
hombres que nos enseñaron a amar, luego a llorar, después a olvidar y
finalmente a desconfiar. Gracias a los que nos mostraron el miedo a la pérdida,
a errar y luego rectificar. Gracias a todos los que nos dijeron que sí y,
después de un polvo, que no. Gracias a los que nos convirtieron en “Cenicienta”
y a las 12 en una “princesa” más.
Gracias a los que
nos amaron hasta el final, a los que nos dejaron a mitad de camino y a los que
a penas comenzaron la carrera.
Gracias por hacernos
madurar, por demostrarnos que somos diferentes a vosotros, por “querernos a
vuestra manera” y por mostrarnos que realmente nadie nos enseña a amar mas que
nosotras mismas y nuestra capacidad de anteponeros a nosotras.
La leyenda de Bagger Vance
-¿Cuánto es lo bastante borracho?
+Depende de las células del cerebro.
-¿Del cerebro?
+Así es, con cada vaso de alcohol que tomas acabas con cientos de esas células, pero eso no importa mucho porque tenemos riñones. Primero mueren las de la tristeza, así que estás sonriente; luego mueren las del silencio y tooodo lo dices en voz alta aunque no haya ninguna razón pero eso no importa, no importa porque después mueren las de la estupidez y hablas con inteligentes... Y por último, las células de los recuerdos; ésas son difíciles de matar.
+Depende de las células del cerebro.
-¿Del cerebro?
+Así es, con cada vaso de alcohol que tomas acabas con cientos de esas células, pero eso no importa mucho porque tenemos riñones. Primero mueren las de la tristeza, así que estás sonriente; luego mueren las del silencio y tooodo lo dices en voz alta aunque no haya ninguna razón pero eso no importa, no importa porque después mueren las de la estupidez y hablas con inteligentes... Y por último, las células de los recuerdos; ésas son difíciles de matar.
Una sudadera vieja
que había perdido su olor, millones de recuerdos y el salado sabor del dolor.
Era lo que únicamente conservaba. Había perdido lo que más quería y todavía no
logro entender el porqué. Si lo di todo y más, si entregué mi corazón entero
arriesgándome a que me lo robaran y a que me lo rompieran. Así fue.
Los positivos dicen
que el que no arriesga, no gana. Yo no estoy para arriesgar en estos momentos.
La experiencia me ha hecho ver que apostar con el corazón es peligroso y que
solo a veces se gana. Yo ya voy tres a cero...
Adiós amor, adiós amigo, prometo que fuiste todo y más. Mi felicidad y mi tormento, pero es que las cosas son así. Somos diferentes, muy diferentes y en vez de complementarnos nos estampamos.
Adiós amor, adiós amigo, prometo que fuiste todo y más. Mi felicidad y mi tormento, pero es que las cosas son así. Somos diferentes, muy diferentes y en vez de complementarnos nos estampamos.
Echo de menos tu olor tu tacto y tus labios. Fuiste el único, eso desde luego, alegrabas mi alma. También la entristecías a veces, últimamente más de lo justo o conveniente y, finalmente, la rompiste.
Ahora mismo no hay rencor, solo arrepentimiento. Por no ser mejor pero, ¿cómo iba a saber lo que pasaría?, ¿cómo iba a saber que debía quererme a mí antes que a ti?, ¿cómo iba a saber que así no se actuaba? Te repito, fuiste el primero, el único.
Recuerdo el último beso que te pedí, no lo recibí. Recuerdo el último beso que me diste, creo que fue el que más me dolió. Ahora entiendo porqué es mejor no saber cual será el ultimo.
Aun así, sabiéndolo o no, añoraré cada uno de ellos.
Te echo de menos y es innegable. Sé que las palabras mienten y por ello te muestro los hechos.
Flaca de amor, cansada de dormir y con jaqueca y ojeras de no descansar.
Mientras, te quiero, tal vez más que nunca. Tal vez porque ya jamás te volveré a tener junto a mí. Solo dentro de mí, ya sabes donde. Guardadito y a salvo del dolor. Te quiero y, pase lo que pase, siempre le daré gracias al destino por hacerme tropezar contigo en el camino.
Jamás lo hubiera
besado así si hubiera sabido que ese sería nuestro último beso. Pero él no se
dejaba besar. Ya no se dejaba querer. Ya no había pasión cuando hacíamos el
amor y aunque yo lo sabía no lo quise ver. Es ridículo porque fueron infinitas
las veces que trató de decirme que yo ya no era su destino. Tal vez porque soy adicta al dolor, porque no
le oía decir todo lo que me quería salvo cuando discutíamos y estábamos a punto
de precipitarnos al vacío en aquel precipicio que tanto conocíamos ya y en el
cual llegamos a acampar más de días de la cuenta, pero aun así me bastaba.
Duele, más de lo que
creí pero menos de lo que esperaba. Alguna parte de mí sabía que esto no
acabaría bien, pero siempre traté de ser positiva y pensar que cada discusión
nos hacia más fuertes. Sin embargo no era así. Acabamos moribundos después de
tanta guerra. Acabamos y eso es lo que finalmente me mató.
Era un alma triste
para un corazón muerto. Una bala perdida. Un cuerpo inerte, sin esperanzas o
lleno de ellas, pero agotado de esperar algo que si en un año no había llegado,
dudo que fuera a llegar ahora. Antitéticamente el amor había podido conmigo.
Los dos queríamos a la misma persona y eso me ponía en una clara desventaja.
Tal vez fue mi
culpa, se lo di todo y cuando ya no tuve nada más que dar perdí el encanto y
esa magia que suelen desprender las cosas nuevas. Fuera de quien fuera este era
el final. El verdadero final de una serie de catastróficas desdichas llenas de
lágrimas y reencuentros.
De repente tuvimos
todo y de pronto, nada.
Nos dijimos adiós,
fríos, orgullosos y más afligidos que nunca.
Por siempre, hasta
nunca.
Recuerdo que
decíamos que seria para siempre, que nada podría con nosotros, que lucharíamos
contra todo lo que se nos pusiera en contra. Recuerdo que nos decíamos cuanto
nos amábamos, recordábamos el pasado y el largo camino que tuvimos que recorrer
para acabar juntos. Pero ahora todo se quedó aquí, en la pantalla de un móvil
viejo entre mis manos temblorosas. Ahora solo me quedan recuerdos. Tal vez era
eso lo que nos mantenía unidos, los recuerdos, tal vez era devoción, amor y
respeto a las promesas de ayer. No sé si nos duele más la distancia del futuro,
la incertidumbre del presente o la locura del pasado.
Esta noche rezaré
para que la espera no sea eterna, para que aparezcas a las 5 de la mañana ebrio
en mi puerta y con una rosa en la boca. Para que me digas que me quieres y que
todo saldrá bien, porque sí, porque todo saldrá bien, como planeamos o como
sorprendentemente sucedió, pero todo saldrá bien. Te espero ansiosa con los ojos cerrados y los oídos abiertos, deseando que suene el timbre que, como siempre, tocarás con insistencia sea la hora que sea.
Te espero dormida, media dormida, soñando el deseo, pensando en la paz y la serenidad que me produce tenerte debajo de mí respirando lentamente mientras yo me pregunto qué rondará por tu cabeza cuando la desconectas de tu consciencia.
Esta noche será larga hasta que aparezcan tus ganas de mí y tu adicción a mi piel.
Esta noche será eterna y tortuosa si no aparece tu mirada cansada y tu sonrisa arrebatadora pidiéndome con picardía dejarte entrar entre mis sábanas para, nuevamente, hacer de las tuyas.
Acción y Corten
+23-51.jpg)
Finalmente comprendí
y aprendí que la vida no es una película. Y que los finales felices aunque se
busquen solo a veces se encuentran. Que no hay hombres perfectos ni mujeres
divinas, que las arrugas existen y la grasa en el culo también, que todos
tenemos mala leche y algunos casi nunca tienen de la buena, que si me pican me
rasco y que si me pinchan, salto.
Comprendí también que una bofetada de vez en cuando resulta de lo más acertada si los pájaros que inundan mi cabeza y entorpecen el riego no me dejan ver ni oír el mundo exterior.
La idea es una bofetada de la vida real, un jarro de fría realidad, un latigazo desgarrador para ver que la vida no es dulce y que la perfección esta sobrevalorada.
No importa cuanta magia veas en el cine, ni lo bonito que pintan el amor los enamorados, pues, al fin y al cabo, detrás de las cámaras se encuentra la realidad, y la fantasía desaparece cuando el director dice: "corten" y los actores vuelven a casa.
Ya había llovido
mucho, tal vez demasiado y aquella nube comenzaba a tener cada vez menos
consistencia hasta el día después de la tormenta en la que finalmente se
desvaneció haciéndome caer al vacío y, definitivamente, bajar de las nubes.
Tan solo nos quedaba amor. Amor y mil recuerdos pero, no era suficiente o al menos eso era lo que desgraciadamente comenzamos a creer.
Era un dolor desgarrador, sangrante. Recordar tanta felicidad y mirar al presente, el camino que nos condujo hasta él, cada vez más complejo, repleto de amor, eso desde luego, pero también lleno de caídas, de cicatrices mal sanadas y de una confianza que comenzó a acomodarnos hasta el punto de dar por sentado que ambos estaríamos ahí siempre, uno al lado del otro, sin tener en cuenta que por el amor hay que luchar, que es como un niño al que se debe alimentar para que crezca fuerte y sano.
La negatividad ya había hecho mella en nuestros corazones y no era fácil imaginar el futuro limpio de tantos errores pasados.
Se nos presenta un futuro incierto, eso sí, lleno de esperanzas y buenas intenciones que conducen al mismo objetivo, continuar juntos hasta donde el destino, la paciencia y el amor nos dejen.
Tan solo nos quedaba amor. Amor y mil recuerdos pero, no era suficiente o al menos eso era lo que desgraciadamente comenzamos a creer.
Era un dolor desgarrador, sangrante. Recordar tanta felicidad y mirar al presente, el camino que nos condujo hasta él, cada vez más complejo, repleto de amor, eso desde luego, pero también lleno de caídas, de cicatrices mal sanadas y de una confianza que comenzó a acomodarnos hasta el punto de dar por sentado que ambos estaríamos ahí siempre, uno al lado del otro, sin tener en cuenta que por el amor hay que luchar, que es como un niño al que se debe alimentar para que crezca fuerte y sano.
La negatividad ya había hecho mella en nuestros corazones y no era fácil imaginar el futuro limpio de tantos errores pasados.
Se nos presenta un futuro incierto, eso sí, lleno de esperanzas y buenas intenciones que conducen al mismo objetivo, continuar juntos hasta donde el destino, la paciencia y el amor nos dejen.
Yo soy.
No tengo un cuerpo
de infarto ni mucho menos, soy torpe y a veces ronco. Soy testaruda, caprichosa
y algo hipocondríaca. También soy demasiado sincera y terriblemente transparente
y, créeme, eso no es siempre positivo.
Tengo mis ideologías y mi forma de ver el mundo, a veces fatalista y a veces maravilloso, aunque creo que en esto me diferencio poco del resto de los mortales.
Soy insegura y bastante humilde.
Los recuerdos me producen nostalgia y, aunque odio ese sentimiento, me encanta recordar.
Tengo sueño a todas horas y me encanta dormir aunque mi hiperactividad y mis ganas de vivir la vida bailando me lo impiden.
Me gusta describirme pero a veces no acierto con las cualidades.
El egoísmo no va conmigo aunque a veces me acompaña durante el largo camino de la vida.
No me considero una "chica lista" pero soy especialista en "hacerme la tonta"
Me encanta aprender y odio estudiar. Escribo sin pensar pero pienso todo lo que escribo. Necesito calor humano aunque a veces prefiero la fría soledad.
Tengo miedo a perder, pocas posibilidades de ganar y muchas ganas de participar.
Tengo mis ideologías y mi forma de ver el mundo, a veces fatalista y a veces maravilloso, aunque creo que en esto me diferencio poco del resto de los mortales.
Soy insegura y bastante humilde.
Los recuerdos me producen nostalgia y, aunque odio ese sentimiento, me encanta recordar.
Tengo sueño a todas horas y me encanta dormir aunque mi hiperactividad y mis ganas de vivir la vida bailando me lo impiden.
Me gusta describirme pero a veces no acierto con las cualidades.
El egoísmo no va conmigo aunque a veces me acompaña durante el largo camino de la vida.
No me considero una "chica lista" pero soy especialista en "hacerme la tonta"
Me encanta aprender y odio estudiar. Escribo sin pensar pero pienso todo lo que escribo. Necesito calor humano aunque a veces prefiero la fría soledad.
Tengo miedo a perder, pocas posibilidades de ganar y muchas ganas de participar.
Una gota de impaciencia,
una gota de incomprensión, una de desesperación y otra de antipatía. Dos de
vergüenza y un chorrito de orgullo. Tres de desplantes y dos de horas perdidas.
Unas de fracaso, otras de dolor, cinco de ceguera y unas cuantas de
desesperación...
Gota a gota, gota a gota…Y así se colmó el vaso.
Perfecta es la
imperfección y sí, aunque suene paradójico, que venga quien quiera a
demostrarme lo contrario que yo soy capaz de desinflar argumentos vacíos a
partir de hechos. Y si no, que alguien me muestre la verdadera perfección, el
modelo ideal, el canon perfecto y es que, como dije antes, solo la imperfección
es perfecta, teniendo en cuenta que esta última no existe.
Semejante antítesis
no puede quedar en el aire al criterio de cualquiera que se atreva a
descifrarla, debe ser explicada, de pe a pa, con puntos y comas, con pelos y
señales.
Comencemos por usar
una metáfora, una sencilla. Rosas, parecen perfectas, me atrevería a afirmar su
perfección pero más allá de su belleza se esconde el dolor punzante de sus
espinas que la convierten en la flor mas bella, deseada y con la que más
cuidado se ha de que tener. Pero, el dolor sentido tras sangrar con una de sus
espinas compensa con el placer que produce su olor, textura y sencillez. Y es
que la vida es como una rosa. Preciosa y perfectamente dolorosa.
La felicidad no es
una variable constante, esta es una recta de lo mas irregular, llena de
altibajos, de curvas, de momentos sangrantes y de momentos hermosos y por ello
no debemos desaprovechar los instantes en los que una sonrisa inunda nuestras
caras y tratar de aprender de las espinas que agarramos pensando que vale la
pena sangrar por una rosa que, aunque tarde o temprano se pudrirá, permanece en
esencia en el recuerdo de cada una de las demás flores del jardín.
Caminaba sola. No había un alma por las calles.
Noche fría, triste, solitaria. A lo lejos brillaba una luna tímida, menguante y
a punto de desaparecer. Junto a ella una estrella. Única y amargamente sola.
Sentimientos de incertidumbre, pero ya estaba acostumbrada, convivía con el miedo aunque, poco a poco, comenzaba a transformarse en seguridad.
Pero esa noche el cerebro estaba inactivo, se dejaba llevar por la música que escuchara, era maleable, impersonal y, al mismo tiempo, lleno de recuerdos que estimulaban todo mi sistema nervioso.
¿Cómo reaccionar ante estos momentos en la vida? Sonreír o llorar, a tu elección. Elegí una canción alegre y me puse a cantar.
Sentimientos de incertidumbre, pero ya estaba acostumbrada, convivía con el miedo aunque, poco a poco, comenzaba a transformarse en seguridad.
Pero esa noche el cerebro estaba inactivo, se dejaba llevar por la música que escuchara, era maleable, impersonal y, al mismo tiempo, lleno de recuerdos que estimulaban todo mi sistema nervioso.
¿Cómo reaccionar ante estos momentos en la vida? Sonreír o llorar, a tu elección. Elegí una canción alegre y me puse a cantar.
Sube su libido y se
transforma en un animal, una bestia. Y no importa hace cuanto haya comido,
siempre tiene hambre y sed del dulce y caliente placer del amor. Acecha su presa, la camela, la atrae con su baile seductor al que pocas son inmunes y yo, como no, no iba a ser menos.
Me dejo llevar, me dejo comer y saborear. Una batalla entre cuerpos, una guerra perdida. Nos sobra ropa, nos sobra piel.
Su saliva en mi boca, en mi pecho, en mi vientre...
Éxtasis, pérdida de la razón, del sentido, de lo ético y la moral.
Y comienzo a gritar. La presión de sus dedos en mi carne, dibujando la silueta de su espalda con mi lengua, sentir su corazón a galope acompasado con el mío, caer rendida, volver a empezar, ansiosa. Lujuria, gula, el pecado, la fruta prohibida. Pero no temo al castigo, morir quemada en el infierno, un bajo precio en comparación con el descontrol que siento sobre mi cuerpo cuando él se acerca dispuesto a cazar.
Se había convertido
en un espasmo, en un acto-reflejo. Mirar el teléfono se había convertido en
algo instintivo. Quizás se habría arrepentido, quizás no podría vivir sin ella
al igual que ella no podría vivir sin él. Tal vez él sentía también ese nudo en
el estómago que hacia insípidos los sabores y ese otro en la garganta que la
asfixiaba hasta llegar al borde del ataque de ansiedad. Quizás no. No quería ni
pensarlo pero era tan inevitable...Buscaba un motivo, una razón y entendía todos sus fallos, todos sus miedos, todos los errores cometidos pero aun así no era suficiente como para romper con todo lo que habían construido juntos.
El quería tiempo. Pero, ¿cuánto tiempo?, ¿cuánto necesitaba? El tiempo pasaba lento y muy doloroso. Cada segundo era una aguja que se introducía lentamente en cada poro. Cada minuto era un latigazo y cada hora se convertía en la tortura más atroz.
El quería tiempo y, aunque para ella seria tortuoso, lo tendría.
Mantendría la esperanza, sería paciente aunque muriera de dolor cada vez que su recuerdo, anidado ya en su cabeza, despertara. Pero ¿cómo olvidarlo o distraer su mente de su recuerdo si todo le recordaba a él? Su vida, el amor de su vida. Lo tenía claro y no lo dejaría es capar. Nunca.
Cúrate las heridas.
- Para ya...- ¿Que pare?, ¿de que?
- De fingir que no duele, de decir que eres fuerte, sé que lo eres no hace falta que lo demuestres, pero también sé que eres humana, de carne y hueso, blandita y dura y que vas a sanar como sanan todas las heridas, y que tal vez esta deje cicatriz, lo sé muy bien, mira las mías pero acuérdate de que yo soy tu unos años después, puedo ser tu espejo mágico y puedes usarme como arma para evitar las heridas o al menos que estas cicatricen mejor…
- Hay heridas que no terminan de sanar nunca...
- ¿Eso quien lo dijo?, ¿has visto alguna a lo largo de tu vida?
- Pues...
- ¿Sabes qué? Tienes razón, yo he visto...son esas heridas que sangran y cuando empiezan a cicatrizar arrancas la caspa y vuelven a sangrar y cuando comienza a cicatrizar ahí estas tú dispuesta a quitar la caspa para asegurarte de que no va a sanar nunca, para asegurarte de que dejara marca. Pero, piensa en lo feo que luce tu cuerpo lleno de heridas... Piensa en lo que representa esa herida, dolor. Piensa si vale la pena hacer sangrar algo que puede sanar.
Cúrate cada herida, con tiempo, cuidado y mantente en pie porque, amiga, debes saber que esa no va a ser la primera ni la última caspa que quieras arrancar para que permanezca grabada en tu piel...
- Soy fuerte, lo sé, pero tengo puntos débiles, como todos. Han sabido donde atacar...
- Pues la próxima vez estarás preparada para lo que venga.
- Duele
- Y mucho, lo sé....se llama amor no correspondido y te va a tocar aguantarte, créeme que jode, mucho, es de las heridas que más duelen pero, espera un poco y ya verás que llegará ese que lleva toda la vida buscándote.
- ¿Y como voy a saber si es él?
- Lo sabrás pues el primer amor y el último se sienten igual
intangible.
Una bolsa con ropa,
regalos, zapatos y una caja vacía llena de cosas que no puedo darte, que no
puedo devolverte. Una caja que vale más que todo lo tangible, llena de
recuerdos, canciones, sentimientos… lo siento, es algo que no te puedo
devolver, ahora me pertenece. Es una caja pequeña pero caben tantas cosas como
puedas imaginar. Todas las que me has dado, bueno, casi todas. Las cosas que no
me gustaban las metí en una bolsa y las tiré. Sé que a veces se te olvidaban
mis gustos. Olvidabas que con las promesas para decorar se acababa tropezando y
se acababan rompiendo, que las piedras no se coleccionaban, que las lágrimas no
se bebían y que el rencor, guardarlo, solo servía para causar dolor.
En esta caja guardo
las cosas buenas. Las reconciliaciones, los besos, los “te quiero”, los “te
amo”, los pelos de punta, los besos robados, las carcajadas, las cosquillas,
los moretones, las disculpas… ya sabes, eso tan nuestro.
Te la presto. Puedes
pedirmela cuando quieras, cuando te sientas solo. Ábrela cuando me eches de
menos y recuerda que en ese momento yo también te estaré echando de menos.
Siempre. Fuiste y eres la persona a la que más he amado. Y eso es una promesa
irrompible, de las mías, de las que me gustan. Ahí va otra, te amo.
¿Sabes ese momento en el que de repente piensas
“me falta algo pero no se el qué”, ese momento en el que oyes una canción y te
sientes vacía, cuando sientes nostalgia, ganas de llorar y rebobinas el casette
de tu vida y analizas todos los aspectos que deberían estar completos y que, de
una manera u otra lo están? Es ahí donde la cinta se enreda y ya no puedes oír
nada, no hay latido ni respiración, donde todo se detiene, ¿y ahora? Es ese el
verdadero momento de perdición donde ya no se sabe dónde buscar, en qué cajón
mirar, qué recuerdo borrar o anhelar… un momento pasajero, de esos que
retornan, de los que no echas de menos pues sabes que volverán, no sé cuándo
será ni dónde estaré, probablemente sola. Momento traicionero donde cada nota
de cada canción se enreda y consigue estropear una cinta de grandes clásicos,
un momento donde me siento desnuda, incómoda pero al mismo tiempo sin ganas de
vestirme. Con ganas de reponerme pero sin ánimo suficiente para decir:
adelante. Con una melodía triste y una letra alegre. Con ganas de cerrar los
ojos, dormir, despertar y que sea haya ido, que ese sentimiento, esa falta, se
haya borrado y haya dejado un hueco que paradójicamente volverá a llenar.
The Notebook (El diario de Noah)
“So it's not gonna be easy. It's going to be really hard; we're gonna have to work at this everyday, but I want to do that because I want you. I want all of you, forever, everyday. You and me... everyday.” Por lo tanto, no va a ser fácil.
(Va a ser muy duro, vamos a tener que trabajar en esto todos los días, pero quiero hacer eso porque te quiero. Quiero todo de ti, para siempre, cada día. Tu y yo ... cada día)
domingo, 29 de julio de 2012
Alegorías Luneras
Como la luna que
siempre esta ahí. Invisible al ojo de día excepto en ese momento en el que,
rebelde, se escapa, tenue, y sorprende a penas llegadas las 3 de la tarde. Me
cuesta reconocerlo pero, por suerte o por desgracia, soy como la luna.
Acostumbrada a brillar, siempre constante y segura. Siguiendo un ritmo, unas
reglas, unos patrones. Hasta que el reflejo del sol me sorprende a mitad de la
tarde y me pilla desnuda y fuera de mi contexto. Son esos los momentos en los
que toca improvisar, dejar de planear y tratar de lucir lo más hermosa y grande
posible. No importa que el sol brille por sí mismo, no importa pues yo, en
ocasiones, logro estar a la misma vez que él en el mismo cielo, sorprendiendo a
aquel que deje de mirarse el ombligo y mire mas allá de las estrellas. De mí se habla como "un cuerpo que enamora", bajo el que en una noche despejada se puede estar sin temer a la oscuridad pues, sin ser espléndida en mí misma, a veces, logro brillar más que el propio Sol.
Será optimismo, que no daño los ojos o tal vez que he estado en boca de casi todos los poetas pero soy como soy y ya me pueden sorprender a la 1, a las 2 o a las 10 de la noche que seguiré ahí, en cualquier estado de mi evolución pero siempre dispuesta a terminar mis fases y llegar a iluminar todo el cielo.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)








